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Hotel de lujo en el campo

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A una hora de viaje hacia el sur, en Brandsen -donde la pampa empieza para los porteños-, el lodge de campo y spa Finca María Cristina abrió sus puertas a fines de 2008, con una propuesta que combina el encanto de los paisajes rurales y el confort de un hotel de campo.

Tras cruzar un imponente portón antiguo de hierro, el camino conduce entre eucaliptos y pinos hasta el parque que rodea el hotel. El césped corto brilla tanto al sol como a la sombra fresca de los robles, mientras aflora una fila de palmeras en el centro del solar.

El director Fernando Serenelli describe: “Es un hotel de campo moderno, con mucho énfasis en la comodidad, los servicios y la hotelería”. Toda una invitación para disfrutar de la vida campestre, sin perder el confort.

Siete de las 55 ha corresponden al parque. Allí se distribuyen los módulos del hotel. El diseño está pensado para que todo quede cerca y, a la vez, abunden los rincones tranquilos y espaciosos, en los que la naturaleza gana protagonismo. Junto al lobby se encuentran las habitaciones premium y dos loft para un máximo de seis personas. A un costado, la galería del salón comedor es amplia, con mesas y poltronas que invitan a pasar la tarde bajo la pérgola, disfrutando de la brisa que lleva y trae el aroma de la arboleda. Un salón de mayores dimensiones fue diseñado para eventos corporativos y casamientos.

Cruzando el parque se llega a un segundo módulo de seis habitaciones con galerías y la piscina, con un deck de madera entre ligustrinas y palmeras. Cerca de allí se construirá un spa. Un poco más lejos hay una granja, un tambo, juegos infantiles y canchas de fútbol y vóley. Caballos y ponies pastan, antes de ser ensillados para cabalgar. También se hacen paseos en sulky y en bicicleta.

A la hora del almuerzo reluce el asador, que tienta con carnes rojas, pollo, pescado y verduras grilladas. La cena ofrece tres opciones de entrada, plato y postre, con variantes para los niños. Flanes, dulce de leche casero y repostería casera completan un menú basado en una gastronomía regional, con presentaciones aggiornadas al gusto del paladar urbano.

Para acceder a María Cristina -además del camino pavimentado-, llega un helicóptero desde Puerto Madero en un cuarto de hora. Las habitaciones tienen teléfono y el hotel cuenta con wi-fi. Con la puesta del sol, las luces a nivel del suelo iluminan las galerías y el parque. Los troncos de los árboles se recortan apenas del césped mientras sus copas se confunden con la oscuridad. Un cielo lleno de estrellas es el último detalle de lujo con que sorprende este paisaje campestre.


Fuente: Clarín

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