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Cozumel, una buena isla donde perderse

Sus playas caribeñas, cerca de Playa del Carmen, son destino favorito de los mieleros; pero cuenta también con treinta sitios arqueológicos mayas, lugares ideales para bucear y otros atractivos aptos para todo público,Aunque es perfecta para descansar, no faltan actividades para hacer


Es fácil quedar hechizado en Cozumel. El tamaño de la isla mexicana y caribeña es de apenas 48 kilómetros, de norte a sur, por 16 kilómetros, de este a oeste, es decir, un área de 647 kilómetros cuadrados. Pero su fama es, en cambio, enorme. Cada año llegan allí decenas de miles de personas a disfrutar de su magia, atraídas por las historias de Jacques Cousteau, quien catalogó a este pequeño paraíso como uno de los mejores en el mundo para bucear.

Cerca del malecón, en el pueblo de San Miguel, hay varias escuelas de buceo en las que puedes conseguir una certificación o sólo aprender lo básico. Existen cerca de 40 sitios para bucear en los alrededores; su profundidad va desde los tres a los 30 metros. También es posible practicar otros deportes acuáticos como paddle board o kayak.

Es además un destino que se ha convertido en el consentido de los lunamieleros. En los recovecos de su naturaleza exuberante esconde lagunas cristalinas, selva, manglares y uno de sus mayores tesoros, los arrecifes coralinos.

Nuestros guías nos hablan de lo fácil que es perderse entre la selva, sólo una pequeña parte de la isla está habitada por el hombre, el resto es un territorio virgen, hogar de pequeños mamíferos como mapaches, reptiles y roedores. Con algo de suerte, es probable ver algún venado. No son originarios del sitio, se dice que algún excéntrico los tenía de mascota y luego los dejó libres a su suerte, la buena noticia es que se adaptaron.

La oferta hotelera de la isla se adecua a todos los bolsillos y gustos. Uno de los hoteles que se distingue por su concepto es The Explorean. Su concepto es que los huéspedes no sólo encuentren un sitio de diseño armónico, antojable, con elementos naturales en la construcción, que no sea únicamente un lugar para dormir, sino que tengan la oportunidad de explorar la isla en compañía de guías expertos.

Para ello ha diseñado una serie de experiencias que se adaptan a cada edad y grupo. El equipo de guías del hotel diseña para cada huésped un itinerario especial. Los recorridos incluyen paseos alrededor de la isla para conocer su parte más salvaje, los miradores y playas. Otros se enfocan en los sitios arqueológicos mayas, de los que hay más de treinta. La isla era considerada un santuario sagrado de la diosa Ixchel, deidad de la luna, la fertilidad y el nacimiento, por lo que recibía peregrinaciones de fieles.

Algunas de las ruinas prehispánicas más famosas que se pueden visitar en la actualidad son El Caracol, El Cedral y en especial San Gervasio, por su relevancia comercial y religiosa.

Otra buena alternaiva son los kayaks transparentes, en los que se puede recorrer las cristalinas aguas de la isla; parece que las rocas a decenas de metros de profundidad estuvieran al alcance de la mano. Para las parejas, el día puede terminar viendo un hermoso atardecer durante una cena romántica entre manglares.

Un día bajo el agua
Salimos de mañana. Por lo regular la temperatura promedio en Cozumel ronda los 27° C. Subimos a un pequeño bote que nos lleva al arrecife Colombia. Estamos listos para escuchar las instrucciones y ponernos el equipo de esnórquel.

Es mi primera vez, estoy nerviosa, pero también emocionada. El agua está tibia y al fondo se ven los arrecifes. Parece que están cerca de la superficie, pero son metros los que me separan de ellos. En lo profundo se observa a un grupo de buzos y cerca de mí nadan peces de colores que parecen juguetear.

Si estiro la mano siento como si pudiera tocar alguno. Nadar no representa ningún esfuerzo, los guías nos dicen que dejemos que la corriente nos lleve a lo largo del camino de corales.

De acuerdo con nuestros guías, en un día despejado la visibilidad hacia el fondo del mar alcanza casi los 50 metros. Una buena temporada para ir es de noviembre a abril ya que no hay lluvias y la temperatura es templada. también el verano es ideal si es que te gusta el clima más tropical.

Es momento de regresar a la embarcación e ir a la playa El Cielo. Al llegar notamos el azul del agua, es como un suave turquesa, las corrientes son casi imperceptibles y al fondo se ven estrellas marinas. Su diámetro varía pero algunas parecen de hasta 30 centímetros.

Como los astros del cielo, sus tonalidades van del amarillo al naranja intenso. Está prohibido sacarlas del agua; hubo una época en las que los visitantes se las llevaban. Pero si uno aguanta la respiración y se sumerge aproximadamente tres metros, puede tocarlas. El tiempo aquí pasa volando, no queremos irnos, pero nuestro camino aún no termina.

Llegamos a una pequeña playa en Punta Sur. No tiene más de medio metro de profundidad, la tentación de disfrutar del tenue oleaje es demasiada. Los peces globo nos rodean, no es buena idea tocarlos, nos dicen. Son venenosos. Ellos lo saben y nadan muy cerca nuestro, como retándonos. Terminamos la jornada con un rico ceviche servido en el barco.

El faro y el museo
Al día siguiente nuestro camino nos lleva al faro Celerain, la entrada cuesta aproximadamente 180 pesos, y se ubica a menos de una hora del centro de la isla. Desde la distancia se ve la construcción que hace años servía para iluminar el camino de los navíos. Pregunta por los recorridos en kayak entre los manglares.

Se puede subir a su cima y apreciar a lo lejos la delgada línea de playa que separa al mar de la Laguna de Colombia, que se dice tomó su nombre de una antigua hacienda habitada por colombianos. Ahí hay un rústico cocodrilario, un grupo de expertos se encarga de estudiar y cuidar a los reptiles.

Junto al faro nos encontramos con un pequeño museo dedicado a la navegación y a los antiguos encargados de resguardar la antigua señal. Viejas fotos, maquetas, pinturas y muebles de época nos dan una pista de los viejos tiempos de Cozumel, refugio de piratas, hogar de leyendas mayas y maravillas naturales que sobreviven a la historia del hombre.

Tenemos algunos minutos para disfrutar de la playa, las hamacas son la salvación para los que quieren descansar, mientras que los más animados aprovechan el mar. Antes de regresar al hotel hacemos una parada en el mirador, cerca de playa Boch y Rancho Buenavista. Enormes rocas se adentran en el océano y son la plataforma para ver al horizonte, el cierre perfecto para unos inolvidables días en este puntito de ensueño en medio del Caribe.


Fuente: La Nación

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