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Arte y buena comida con estilo boutique

Desde la serenidad y el brillo de sus ojos celestes, la holandesa Gisela cuenta en la casona de Punta Chica que convirtió en La Blanqueada, un hotel hogareño, que la literatura y el arte fueron el hilo conductor de su vida. Su marido, Peter, y ella, que habla cinco idiomas y vivió en incontables países y ciudades como Budapest, Londres y París, por ejemplo, comparten sus pasiones, la cocina, el arte y la literatura, con los huéspedes que quieran sumarse a esta propuesta de hotel boutique: se trata de una histórica quinta de verano de 1821 de estilo colonial con paredes de adobe y antiguas aberturas, que perteneció en sus inicios a la familia Lanusse.

“Durante 33 años viajé por muchos países y uno aprende a vivir distinto. Finalmente decidimos instalarnos en la Argentina y tener un lugar para recibir a hijos, nietos y al que quiera visitarnos. Cuando uno viaja tanto se vive más rápido. Hay que llegar al país que te toca y aclimatarse en pocos meses”, contó Gisela, que además es fotógrafa, escritora y la principal organizadora de actividades de arte exitosas ligadas con la beneficencia.

“Arte Ayuda comenzó hace 17 años en Budapest: los artistas donan sus obras para que lo que se recaude se destine a fondos con fines benéficos; de esta forma hemos logrado grandes objetivos”, explicó Gisela.

Al entrar en el vestíbulo de la casa, el arte desborda sobre los invitados en unos zapatos, una pintura, una escultura o un tapiz: todo está ligado con su pasión por la obra de los artistas locales y extranjeros que se exponen en las paredes y también se visitan en sus ateliers de la zona de la mano de la anfitriona.

La cocina, de 10 metros de largo, abierta y enorme, invita a descansar o a aprender los platos rápidos de Gisela, que en un minuto enseña y disfruta cuando cocina un manjar para sus comensales.

Después continúa el jardín con amplias galerías; paredes de adobe; pileta para refrescarse en el verano, y vegetación añosa y no tanto muy cuidada: el conjunto es espectacular. En el primer piso están los dos cuartos decorados uno con elementos de campo y polo y el otro con los años 30 y el romanticismo. La casa de los dueños está un poco más lejos.

“La idea es servir desayunos fuertes, almuerzos por encargo, y que los huéspedes se sientan como en su casa, que puedan abrir la heladera y preparar algo, si eso es lo que desean”, contó Gisela.

De aquellos tiempos
Se trata de una construcción anterior al Palacio Sans Souci de Carlos María de Alvear, que, según dicen, quiso comprarla. Pero Antonio Lanusse, dueño de la empresa de remate de ganado y casado con Virginia Justo, hermana del presidente, se negó, pues la quería como quinta veraniega para sus hijos y nietos. “Entre estos últimos estaba el que fue presidente, Alejandro Agustín, que vivió aquí con su familia después de la revolución de 1955”, informó.

Rodeada de eucaliptos centenarios, aquellos nacidos con las primeras semillas traídas por Domingo Faustino Sarmiento, la conversación de Gisela transcurre apacible entre delicias como un curry de sandía de entrada más hígados de pollo salteados con ensalada de verdes como principal, con un Chardonnay a la temperatura ideal. Estos platos son los que enseña a sus alumnas una vez por semana o que ven preparar los privilegiados huéspedes.

“Recibo a novias, a extranjeros y a todo el que le interese alojarse, siempre mayor de 12 años. También hago almuerzos y eventos hasta 20 personas”, contó.

La proximidad con el río es otro de los atractivos: muchos de los huéspedes están ligados con las actividades náuticas que los dueños ofrecen como alternativa, navegación, compra de barcos, etcétera.

Ella sostiene que para sus recetas no demora más de 15 minutos en la preparación. Muchas se elaboran en ese tiempo, sólo que algunos ingredientes ya están limpios y preparados de antemano.

Acumuló recetas, especias, sabores, que incorporó a su arte, que despunta en una explosión de sabores. Prefiere las cosas simples como “el lemon pie de la calle Vicente López, de La Lucila, que lleva cinco limones, un pote de leche condensada y otro de queso crema bien mezclados, sobre base de galletitas dulces molidas. O los hígados de pollo cortados finitos y salteados”.

Oculta debajo de un tapiz, una entrada secreta conduce a la cava de la antigua casona donde descansan los vinos y se arman degustaciones especiales con tablas de quesos. Cerca de la ciudad y el río, en este hotel hogareño, el arte y la gastronomía son fundamentales.

Datos útiles

* Martín Fierro 2480, Punta Chica, San Fernando. www.lablanqueada.info

* Por noche, con desayuno incluido: $ 700. Recomendado sólo para niños mayores de 12 años. Las visitas a los ateliers de los artistas no tienen costo. Se realizan masajes con previo aviso; también se organizan paseos por el Delta, Tigre y San Isidro, así como viajes privados a Uruguay y prácticas de golf.

* Comidas, con previo aviso, y personal traveller por la zona y la ciudad de Buenos Aires en caso de requerirlo.


Fuente: La Nación

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