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Algo ruidosos, pero oasis al fin

Allí donde las playas se caracterizan por su gran extensión, hay tres paradores pensados exclusivamente para los amantes de las 4 x 4, los cuatriciclos y las caminatas más allá de la urbanización. Son 340 kilómetros desde la ciudad de Buenos Aires, en el Partido de la Costa, al norte de Pinamar; cada uno de estos paradores tiene su personalidad y una agenda completa hasta fines de febrero.

Si se avanza a pie o en camioneta, de noche, el que presenta la iluminación más intensa es El Límite, un sitio blanco vidriado con dos decks de madera, abierto hace diez años. Los jugos y licuados -$ 18 el de naranja, de casi un litro- son ideales para los corredores y también para los que van hacia las dunas móviles, uno de los mayores atractivos del lugar, además del mar y la playa. Ensaladas, asados, panqueques, rabas y minutas son ejemplos de las especialidades de este lugar cuya cocina permanece abierta todo el día.

La franja de médanos vivos tiene unos tres o cuatro kilómetros desde el mar hasta el continente, y unos cinco o seis de ancho, con dunas de hasta 30 metros que se suman al bosque característico de Pinamar: es allí, en lugares con nombre propio como La Cordillera, donde se realizan las piruetas de los cuatriciclos.

Grupos de música, desfiles de moda y DJ entretienen a un público que puede ser tanto familiar como joven, depende de la hora; incluso, a veces conviven. El día culmina con la increíble vista del atardecer y la música que tapa el ruido de los motores que se alejan por el desierto.

El primero de los paradores en esta zona fue Sport Beach, que abrió sus puertas en 1996, y se diferencia de los otros por la exclusiva dedicación a los deportes no convencionales. Cuenta con escuelas de kite, windsurd, skinboard, barriletes y sandboard, y para los próximos días anuncia competencias de jet ski y motos de agua, entre otras cosas.

Cruzando el Arco, el segundo reducto en forma redonda que aparece ante los ojos de los viajeros, está El Más Allá, que tiene su émulo pasando el Límite, llamado Más Allá de La Frontera, otro parador. Se trata de un lugar acogedor con sombrillas de paja y madera para alquilar.

“Estas eran playas exclusivamente para motoqueros o gente joven. En el verano de 2003 se evaluó la posibilidad de realizar paradores con una mejor infraestructura, de manera que no fueran tan inhóspitas y pudieran albergar también a familias enteras con diferentes edades. Así nacieron El Más Allá y El Más Allá de la Frontera”, explica Roby, responsable del lugar, que aclara que unas 1500 camionetas y 700 cuatriciclos visitan casa día estas playas en temporada alta. “Ya vinieron a informarse sobre este fenómeno de aprovechamiento de playas inaccesibles desde California, México y Australia”, añade.

En El Más Allá es posible comer a la luz de las velas una fondue o una pierrade, entre otros platos. Una cena con entrada más plato principal, postre y café cuesta $ 85, por ejemplo.


Fuente: La Nación

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